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Jour 24 quatorze, un libro objeto en homenaje a “Pour mémoire”

          

 

 

Jacqueline Merville, escritora, pintora, directora de Le vent refuse, la editorial de libros de artistas de París, publicó en 2017 este libro objeto, donde tomó un fragmento de la novela “Pour mémoire” (versión francesa de Procedimiento. Memoria de La Perla y La Ribera. (Argentine 1976-1983). Éditions Des Femmes-Antoniette Fouque, Paris, 2017) y lo reprodujo junto a imágenes especialmente creadas para la ocasión.

El resultado es un hermoso libro, una reliquia -ya que sólo confeccionó cuatro- donde se puede apreciar en foco, un pasaje de la historia escrita por Susana Romano Sued.

El texto que se presenta a continuación, fue escrito por Jacqueline previo la creación de JOUR 24 QUATORZE. 

 

“Con mi compañero siempre hemos hablado con gran inquietud acerca de Turquía. Pues su hijo tiene un abuelo armenio, sobreviviente del genocidio. A menudo conversamos mucho al respecto, si bien este sobreviviente apenas si ha mencionado su huida, los muertos, la larga marcha hacia el este de Europa. Ellos intentaban alejarse lo más posible de las matanzas, de su condena a muerte, y él, pequeño niño de cuatro años, perdido, exhausto, iba detrás de un grupo de refugiados que marchaban por las rutas de Rumania. Una tía lo había reconocido en una calle de Bucarest. A veces él decía que  era su madre. Lo que quedaba de esa familia se había hecho cargo de él, en la miseria, la larga miseria de los sobrevivientes. Su abuelo callaba,  como los demás sobrevivientes.  ¿Pero quién les  autorizaba a hablar ? ¿Y quién en Turquía les autorizaría a hablar sin que terminaran presos ?

El mundo occidental hablaba poco, muy de tanto en tanto, sobre este genocidio. ¿Será por eso  que el abuelo de Virgil se volvió un hombre rudo, duro, armado de una coraza silenciosa y abrupta para poder seguir viviendo, con su imprudencia de niño aprisionada en la Gran Catástrofe arrumbada en los márgenes de la Historia ?

« Pero el crimen de los hombres está en sus actos tanto  como en su forma de asumirlos. Nosotros envejecemos para olvidar, y olvidamos sin cesar que cargamos con esos cadáveres » escribe Asli Erdogan en sus crónicas. Y agrega :  « hagamos frente, …. Permitamos que quienes han podido escapar de esa Gran Catástrofe nos la cuenten »

Durante ese mismo verano leí Pour mémoire (Argentine 1976-1983) de Susana Romano Sued.

 

       

¿Cómo no establecer un lazo entre estas dos escrituras ?

“-Ya sabés qué se viene cuando se han dejado ver, días contados para quienes han alzado vendas y han visto y mi­rado a ojo limpio.” Escribe Susana Romano Sued, sobreviviente de centros de torturas en Argentina. (Procedimiento. Memoria de la Perla y la Ribera, Milena Caserola, Bs. As. 2012)

Dos mujeres gritan, saben gritar para hacer escuchar el grito de otras, el  aliento de aquellas y  aquellos desaparecidos. Dos mujeres escriben, antes,  durante  y después de la violencia que exige  silencio. Escriben lo que los verdugos no quieren ver que sea escrito.

Acaso  preferimos no tanto olvidar, sino callar.

Ese derecho a la palabra que tenemos frente al maligno afuera, un afuera que agranda el dolor. Ese derecho debería ser incondicional, pero nunca lo fue. Lo sé por mí misma, habiendo sido impulsada durante años hasta la intención  misma de escribir  sobre la violación y la  tortura que  viví.  Finalmante terminé escribiendo  sobre mi catástrofe,  sin duda para dar voz también a otras mujeres. Mujeres obligadas al silencio bajo los golpes de los violadores o frente a un afuera aún más denso y sombrío y machista que el de la tierra francesa.

Pienso también en Marguerite Duras. Releyendo los cuadernos (que ella había olvidado por completo) que escribó cuando su marido Robert Anthelme, escapado de los campos nazis, regresó. Ella había dicho « Tuve verguenza de la literatura ». Sólo le importaba esa escritura, la escritura justa, la sagrada ; todo lo demás que fue escrito ¿para qué ?

   

Leer a Asli y a Susana mientras la tenebrosa catástofe golpea de manera sorda pero precisa en nuestras fronteras, tan cerca de los pueblos, las ciudades, las costas, los desiertos, tantas vidas cayendo bajo censura, prisión, tortura, encarnizamientos, bombas, gases.

Y nosotros evitando hablar ¿Es justo dejarse aplastar por ese afuera ?

El pulpo negro sabe cómo infiltrarse dentro  nosotros, ajustar la venda en nuestros ojos.

Debemos hacer frente, inventar el otro libro, solidariamente poner los  cuerpos en los cuerpos con actos de resistencia ; pero no de vez en cuando.

No debemos obedecer a eso que llamamos nuestra impotencia. Hay que desobedecer como lo hacen tantos corazones justos y valientes en nuestra misma tierra : aquellas y aquellos  que dan refugio. Una hospitalidad  incondicional. Suelo decirme que hay varias especies humanas :  los fabricantes de vendas y los adeptos ; los servidores de la venda y los otros ; ojos desnudos que hacen, escriben, protegen ; la esperanza grita también en nosotros, me digo.

Asli y Susana. Ver gracias a ellas. Asli y Susana.

No volver a en-cerrar  sus libros cercados.

Pero, sus gritos ¿hasta cuándo ?

¿Será hasta que los musicales, las ternuras, ocupen  las ciudades y todo a lo largo de las fronteras ?

Es la cuestión mundial, la única que importa ante tantos rostros en tren de desaparecer…”



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