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MEMBRANZAS: EN MARCHA

Estamos en tiempos de fuerte impulso a las prácticas de recordación que contribuyen a esclarecer el sentido de la conmemoración,  sobre el telón de fondo de un pasado, siempre presente, y cada año el día 24 de marzo.

Se trata de la conmemoración de un acontecimiento, de una fractura insuturable, producida por la acción genocida, por el estado de excepción, un punto sin retorno. Que data de los tiempos en que a los perpetradores no les bastaba con excluir todo disenso, toda crítica, “sino que  se ocupaban de destruir a los seres que los sostenían y a sus retoños; después sus cuerpos debían ser desintegrados,  que no quedara nada de ellos, de sus ideas, y sus descendientes debían transplantarlos a entornos descontaminados para su crianza”.

Recordar, no olvidar, sostener la espera activa permite recuperar siempre la esperanza. La verdad y la justicia se reúnen en la conmemoración.

Conmemorar quiere decir en uno de sus sentidos traer al presente mediante operaciones de la memoria, pensamientos sobre hechos acontecidos en el pasado, fijados en una fecha, como esta fecha, 24 de marzo. Recordamos  juntos: “con-memorar”.

Recordar juntos es conmemoración y homenaje: a quienes han luchado y luchan desde siempre para mantener viva la memoria impulsora de la verdad y la consecuente justicia

Se cumplen cuarenta y dos años que testimonian sobre actos, hechos, decisiones, responsabilidades, acciones, rondas y persistencias, debidos procesos, juicios, sentencias, duelos.

En este día memorioso, doy a leer estos poemas, llamadores de un dolor que se restaña con la indeclinable voluntad de la militancia por los derechos humanos, que no ceja, y que no se deja amedrentar por los embates de los negacionistas y socios de los genocidas .

¡NUNCA MÁS!



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