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El Meridiano

Alción Editora
Córdoba, 2004

(Segunda edición 2007)

Comentario de Américo Ferrari

Desde su primer libro de poemas, Verdades como criptas, Susana Romano Sued no ha cesado en su empeño de dar a luz, dar luz a todo lo oscuro que subyace en esa palabra luminosa que es la palabra poética: escriturienta como parturienta Susana hace nacer y renacer el mundo en sus poemas, lo claro y lo oscuro. Oscura es también la palabra poética de Paul Celan, de quien proviene el nombre y el epígrafe de este poemario, El Meridiano. Semejante a una corona, el libro es un solo poema hecho de segmentos, y cada segmento se inicia con el último verso del segmento anterior, y el poema, o el viaje (un solo poema, un solo viaje) progresa regresando por los extramares de la realidad. El barco de este poema es fantasmal, los pasajeros del barco son fantasmales. Quién que es no es fantasmal. Entre ellos bogan Susana Romano Sued y Paul Celan, y con ellos mas de un gran poeta de ayer y de hoy, Kavafis para empezar: “La ciudad va con nosotros”, y sucesivamente –nombrados o aludidos-: Hölderin, Jorge Manrique, Borges, Baudelaire, Miguel Ángel (también fue poeta…),  Teresa de Ávila, Sor Juana, Ezra Pound, Guido Cavalcanti, García Lorca, Maurice Blanchot, Juan Gelman, Joaquín Gianuzzi, y quizá más de uno que no habré recordado.

Susana dice hacia el fin de su poemario a “un idioma que anda debajo del idioma” y que puede ser el idioma de la poesía: “las medidas cortas” del lugar de la poesía: “escritura del desastre” y escritura de los astros, aunque “todavía el Libro que vendría/no ha venido/a este espacio ralo”: pero cada poema que nace nos acerca su advenimiento, nos acerca el “nombre claro”: Encuentran lo que liga/ Lo que lleva al encuentro / Atraviesa los trópicos / El Meridiano”. El que vendría ya vendrá y cada poema que nace nos conduce a ello: al Meridiano.

 



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