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Nomenclatura / Muros

Editorial Libros de Tierra Firme
Córdoba
1997

Con combativa lucidez, Hannah Arendt retrató la banalidad del Mal. La poeta Susana Romano Sued no sólo rinde homenaje -en su poema a H.A.- a ese “Hilo de la vida / adelgazado como baba del diablo”: sabe también exorcizar la “peste acostumbrada” que culmina en la paradójica completud de la Nada.
La Nomencaltura de Romano Sued asume la desobediencia del cuerpo al mandato racional, o supuesto orden metafórico; restaura el dominio del gesto: el acto acaso redima de los imperativos sobreimpresos. Hay lo que hay : pero no ignora el angustioso impedimento del recuerdo, el rojo ritual de la efemérides, la pugna por aflojar la memoria aun si “inútil y que escombra”. Es ésta una Nomenclatura que ensancha la identidad y el fecundo pliegue de lo intuitivo: lo visto y lo vivido se inscribe en el cuerpo, y éste lo escribe porque esa es su verdad; transpira con ello su palabra obligatoria, la necesaria Forma del texto.

En Romano Sued, “La verdad del acto de ver estructura las cadencias de lo que se ve” (Louis Zukofsky). Diotima, Eurídice, la palabra femenina es gestación e inspiración: replica la lengua en un desierto que estuvo poblado, sangra, se enreda en la tripa. Dice, aun en medio del genocidio. Es cuerpo jadeante: el ojo ve donde no llega el alma.
Y si los contrapuntos en bastardillas son aquí perífrases o arborescente gajo barroco del cuerpo central, los Muros enclaustran una honda gama de experiencia humana y poética, donde incluso “cada verso cuidado hasta la cláusula” calla por inanición; hasta llegar a ese Muro de Palabras: escudo, parloteo o jerga babélica pero siempre la desesperada búsqueda de algún sentido. La alta poesía de Susana Romano Sued, surgida de una voz propia y plena de ductibilidad y que no desdeña formas ni recursos, desacomoda y remueve, expande y desafía y angustia. Se construye necesaria como agua o pan nutrientes, revulsivos.

Jorge Ariel Madrazo



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